Argentina
Milei contras los abuelos: desfinanciamiento y abandono
Jubilaciones mínimas, menos medicamentos, salud mental desfinanciada y un PAMI debilitado que deja a los mayores desprotegidos.
El ajuste del gobierno de Javier Milei se siente en la mesa y en la salud de los adultos mayores. Con una jubilación mínima de $380.000 y un bono congelado, los abuelos tienen que hacer malabares para sobrevivir. A esa dificultad económica se suma un sistema de salud cada vez más desfinanciado. El PAMI, que debería ser un sostén, redujo la entrega de medicamentos gratuitos y endureció requisitos, dejando afuera a miles de jubilados que hoy se ven obligados a interrumpir tratamientos o directamente a renunciar a ellos.
El vaciamiento salarial que se evidenció con el paro de 72 horas de los profesionales de la salud es solo una muestra de un problema más profundo, menos insumos, menos cobertura y un Estado que se retira de su rol de cuidar. Cuando el PAMI pierde fuerza como comprador masivo, los precios de los medicamentos suben y el golpe lo reciben los bolsillos de los jubilados, que ya no pueden costear lo que antes estaba garantizado.
El cierre del Programa Remediar, que durante años llevó medicamentos básicos a 8.000 centros de salud y alcanzó a más de 19 millones de personas, deja a los abuelos sin acceso a tratamientos esenciales para la hipertensión, la diabetes o las infecciones más comunes. Lo que antes era un derecho ahora se convierte en una preocupación diaria: ¿Cómo seguir el tratamiento si el remedio ya no está al alcance?
La salud mental tampoco escapa al ajuste. Con un presupuesto reducido al 1,45%, muy lejos del 10% que marca la ley, los adultos mayores quedan expuestos a la depresión, la ansiedad y la soledad sin el acompañamiento que necesitan. Sin inversión, las leyes se convierten en promesas vacías y las personas quedan desprotegidas.
El hilo conductor es claro, el desfinanciamiento por el Estado Nacional. Se recortan fondos para jubilados, medicamentos y salud mental, mientras los recursos se desvían hacia la especulación financiera. Lo que se pierde no son solo programas, sino derechos conquistados y la certeza de que la salud pública es un pilar de nuestra democracia. Hoy, los abuelos, quienes más necesitan del Estado, sienten en su vida cotidiana el abandono de un sistema que debería cuidarlos y que, en cambio, los deja cada vez más solos.
